Pompeu Fabra y la medalla de oro de la inmersión lingüística

El pasado martes día 3 de diciembre nuestra Fundació fue invitada por el Ajuntament de Barcelona a participar del Acto del “Entrega de la Medalla de Oro de la Ciudad a Pompeu Fabra” en el Saló de Cent.

Fue una ceremonia muy emotiva, especialmente por la entrega que el nieto del Mestre, Peio Rahola Fabra, hizo de la medalla recibida, en nombre de su abuelo, en el Institut d’Estudis Catalans (IEC) representado por su Presidente Joandomènec Ros. Fue una conmemoración y una culminación de los 81 años pasados ​​desde el 1938, cuando el Ayuntamiento Republicano de Barcelona se la otorgó y no se la pudo entregar por los estragos de la guerra civil. Pero sobre todo fue un cumplimiento de la voluntad de todos los catalanes hacia el hombre que supo salvar nuestra lengua.

Durante el acto se reprodujo una grabación en la que la voz del mismo Pompeu Fabra nos explicaba porqué y como creía que debía hacerse tan difícil y necesario trabajo y de cómo se tenían que acomodar las diferentes variedades territoriales, la lo que conmovió profundamente a los asistentes.

Gracias al esfuerzo de Fabra y sus compañeros de la IEC, llegaron a tiempo de culminar tan importante trabajo antes de tener que marchar al exilio, para salvar la vida -se hace difícil pensar que uno puede morir por haber salvado una lengua- aunque quizás hoy, tal como nos recordó Joandomènec Ros en su parlamento, se puede “entender mejor cuando aún tenemos presos, exiliados y perseguidos por sus ideas y por querer que sobreviva la nación catalana y su cultura “.

Efectivamente el catalán era una lengua en serio peligro, mal hablada y poco estructurada, tras siglos de persecución para hacerla desaparecer. Gracias a Fabra, hoy el catalán es una lengua moderna y preparada para permanecer junto a las más importantes del mundo y, por tanto, hace más difícil el éxito de los que siguen queriendo minimizarla.

Decimos ésto porque el acto, que tenía que cerrar filas en torno a la figura de Pompeu Fabra, se vio oscurecido por la entrega de la medalla de oro a Peio Rahola por parte de Jaume Collboni, primer teniente de alcalde del Ajuntament de Barcelona y miembro del PSC. Resulta como mínimo incoherente que los socialistas participen activamente de este acto de homenaje al principal impulsor de la lengua catalana cuando a día de hoy, ellos forman parte del grupo de detractores del modelo de inmersión lingüística del país.

Lo que hasta ahora había sido una exclusiva de los grupos de Ciudadanos y PP en el Parlament, ahora también forma parte de las propuestas en materia de educación del partido socialista catalán. El motivo, que aparece en el programa del próximo congreso del partido, es la “rotura del pacto de convivencia en materia lingüística, que se ha roto por la instrumentalización que han hecho los nacionalistas de la lengua, por el proceso independentista, que ha asociado el catalán a su causa, y por una utilización partidista en torno a su uso, especialmente en la escuela “.

Este es pues, el razonamiento principal que el PSC esgrime a la hora de acabar con el modelo de inmersión lingüística. Precisamente en un momento donde la lengua catalana y de hecho, todo lo que es catalán, está recibiendo una discriminación flagrante en todos los estamentos políticos y jurídicos. Precisamente cuando los primeros que asocian la lengua con el proceso independentista son los que desean destruir las dos cosas, porque mezclan incomprensiblemente una reivindicación social y política legítima, que querrían ver hundida, con la preservación de una lengua y una cultura, lo que no debería hacer ondear banderas sino disfrutar de un amplio consenso.

La respuesta del PSC es abandonar el modelo, comulgar con las derechas españolas y poner al catalán contra las cuerdas, facilitando el riesgo de su desaparición o al menos, su uso residual. Por todo ello, presidir un acto de homenaje a la figura de Pompeu Fabra en un momento de gran sensibilidad social con esta hoja de ruta entre manos es, al menos, de una hipocresía remarcable. Por eso resulta intolerable que la medalla de oro de la inmersión lingüística se la quisieran colgar ellos en nombre de quien arriesgó la vida por el fomento y normalización de la lengua catalana. A estas alturas, no se merecen ni la de chocolate.